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Noticias de Tacna

Tuesday, August 30, 2005



Aldo Mariátegui
(amariategui@epensa.com.pe)


Ayer se conmemoró un aniversario más de un día vital para el Perú: el regreso de Tacna al país tras casi cincuenta años de cautiverio chileno.
Los chilenos se preguntan muchas veces por qué siempre ha existido mucha antipatía hacia ellos en algunos sectores de nuestro país, pero la verdad es que varias veces sus gobiernos han puesto más de un granito de arena para que este sentimiento se inflame. Uno de esos actos (como la reciente venta de armas a Ecuador siendo garante) fue la arbitraria retención de Tacna y Arica por casi medio siglo (desde el 26 de mayo de 1880 al 29 de agosto de 1929), a pesar de que el Tratado de Ancón era muy claro en establecer que se tenía que ir a una consulta popular a los 10 años de finalizada la guerra (Tarapacá ya se había perdido definitivamente). En lugar de cumplir con dicha cláusula, Tacna y Arica fueron sometidas a un durísimo e implacable régimen de ocupación y “chilenización”, que Jorge Basadre, ilustre tacneño y nuestro mejor historiador, ha descrito con lujo de detalles (cosa que me abstengo de hacer ahora porque tampoco se trata de reavivar ánimos). Aún indigna la foto que muestra su rostro demacrado y vendado debido a la cobarde paliza que le propinaron agentes sureños cuando viajó a las provincias cautivas en misión oficial, enviado directamente por el presidente Leguía.


Y esto porque si bien Leguía y Basadre eran enemigos políticos, ambos dejaron de lado sus rencillas en aras del bien del país. Y a pesar de que Leguía encarceló alguna vez a Basadre por un artículo antiestadounidense que éste publicó, el historiador tacneño protestó vivamente por el inhumano régimen carcelario al que fue sometido el político chiclayano tras su caída, el cual aceleró su muerte. Grandezas y civismos que lamentablemente se han perdido.
Aún muchos debaten si el camino escogido por Leguía –negociación para llegar al mitad/mitad– fue el más acertado. En todo caso, fue el más realista para muchos: si bien la chilenización había fracasado estrepitosamente en Tacna, en Arica había sido exitosa (“no soltéis el Morro” fue el grito del historiador chileno Vicuña Mackenna), además de que nuestras Fuerzas Armadas eran muchísimo más débiles que las chilenas en esos momentos, por lo que recuperar la provincia sin disparar un tiro no fue escaso mérito (suena increíble, pero Leguía cerró cuatro fronteras –con Bolivia, Brasil, Colombia y Chile– recién a comienzos del siglo XX y tuvimos que esperar hasta finales del mismo para hacerlo con Ecuador, lo que demuestra el atraso institucional latinoamericano). Felicitaciones una vez más, Tacna, que nos enseñaste lo que es la peruanidad. Ayer se conmemoró un aniversario más de un día vital para el Perú: el regreso de Tacna al país tras casi cincuenta años de cautiverio chileno.
Los chilenos se preguntan muchas veces por qué siempre ha existido mucha antipatía hacia ellos en algunos sectores de nuestro país, pero la verdad es que varias veces sus gobiernos han puesto más de un granito de arena para que este sentimiento se inflame. Uno de esos actos (como la reciente venta de armas a Ecuador siendo garante) fue la arbitraria retención de Tacna y Arica por casi medio siglo (desde el 26 de mayo de 1880 al 29 de agosto de 1929), a pesar de que el Tratado de Ancón era muy claro en establecer que se tenía que ir a una consulta popular a los 10 años de finalizada la guerra (Tarapacá ya se había perdido definitivamente). En lugar de cumplir con dicha cláusula, Tacna y Arica fueron sometidas a un durísimo e implacable régimen de ocupación y “chilenización”, que Jorge Basadre, ilustre tacneño y nuestro mejor historiador, ha descrito con lujo de detalles (cosa que me abstengo de hacer ahora porque tampoco se trata de reavivar ánimos). Aún indigna la foto que muestra su rostro demacrado y vendado debido a la cobarde paliza que le propinaron agentes sureños cuando viajó a las provincias cautivas en misión oficial, enviado directamente por el presidente Leguía.
Y esto porque si bien Leguía y Basadre eran enemigos políticos, ambos dejaron de lado sus rencillas en aras del bien del Ayer se conmemoró un aniversario más de un día vital para el Perú: el regreso de Tacna al país tras casi cincuenta años de cautiverio chileno.
Los chilenos se preguntan muchas veces por qué siempre ha existido mucha antipatía hacia ellos en algunos sectores de nuestro país, pero la verdad es que varias veces sus gobiernos han puesto más de un granito de arena para que este sentimiento se inflame. Uno de esos actos (como la reciente venta de armas a Ecuador siendo garante) fue la arbitraria retención de Tacna y Arica por casi medio siglo (desde el 26 de mayo de 1880 al 29 de agosto de 1929), a pesar de que el Tratado de Ancón era muy claro en establecer que se tenía que ir a una consulta popular a los 10 años de finalizada la guerra (Tarapacá ya se había perdido definitivamente). En lugar de cumplir con dicha cláusula, Tacna y Arica fueron sometidas a un durísimo e implacable régimen de ocupación y “chilenización”, que Jorge Basadre, ilustre tacneño y nuestro mejor historiador, ha descrito con lujo de detalles (cosa que me abstengo de hacer ahora porque tampoco se trata de reavivar ánimos). Aún indigna la foto que muestra su rostro demacrado y vendado debido a la cobarde paliza que le propinaron agentes sureños cuando viajó a las provincias cautivas en misión oficial, enviado directamente por el presidente Leguía.
Y esto porque si bien Leguía y Basadre eran enemigos políticos, ambos dejaron de lado sus rencillas en aras del bien del país. Y a pesar de que Leguía encarceló alguna vez a Basadre por un artículo antiestadounidense que éste publicó, el historiador tacneño protestó vivamente por el inhumano régimen carcelario al que fue sometido el político chiclayano tras su caída, el cual aceleró su muerte. Grandezas y civismos que lamentablemente se han perdido.
Aún muchos debaten si el camino escogido por Leguía –negociación para llegar al mitad/mitad– fue el más acertado. En todo caso, fue el más realista para muchos: si bien la chilenización había fracasado estrepitosamente en Tacna, en Arica había sido exitosa (“no soltéis el Morro” fue el grito del historiador chileno Vicuña Mackenna), además de que nuestras Fuerzas Armadas eran muchísimo más débiles que las chilenas en esos momentos, por lo que recuperar la provincia sin disparar un tiro no fue escaso mérito (suena increíble, pero Leguía cerró cuatro fronteras –con Bolivia, Brasil, Colombia y Chile– recién a comienzos del siglo XX y tuvimos que esperar hasta finales del mismo para hacerlo con Ecuador, lo que demuestra el atraso institucional latinoamericano). Felicitaciones una vez más, Tacna, que nos enseñaste lo que es la peruanidad


Sr Aldo Mariátegui
La Columna del Director

De mi mayor consideración:
Me es sumamente grato dirigirme a Ud para saludarlo, expresandole mi sincero agradecimiento como tacneño y felicitandolo por su Editorial "Tacna Siempre Peruana" ; a decir verdad lo considero una ejemplar lección de Historia Patria, en la cual se relata tanto en tan poco espacio y lo recibimos como homenaje a la "Heroica Tacna" en su aniversarios de reincorporación a la Heredad Nacional.

Ulises Ricardo Muñoz Carbajal